El acné es multifactorial: las hormonas, la inflamación, la dieta y la genética juegan un papel. Varios suplementos tienen evidencia para reducir los brotes, aunque los resultados suelen ser menos dramáticos que los tratamientos recetados.
- Zinc (30–50 mg/día): Los metaanálisis respaldan una reducción modesta del acné. Puede funcionar a través de efectos antiinflamatorios y moduladores de andrógenos.
- Omega-3 (1–3 g EPA+DHA/día): Reduce el acné inflamatorio. Un ensayo controlado aleatorio de 2012 en el Journal of Dermatology mostró una mejora significativa a las 12 semanas.
- Vitamina A (no retinol, no megadosis): Se entrega mejor como retinoides recetados; las megadosis orales son teratogénicas.
- Myo-inositol (2 g 2 veces/día): Ayuda con el acné hormonal en mujeres con PCOS a través de mecanismos de sensibilidad a la insulina.
- Niacinamida (B3, 500 mg/día): Antiinflamatorio. También es efectivo por vía tópica.
- Probióticos (10 mil millones CFU, L. rhamnosus y L. acidophilus): Evidencia emergente para el apoyo del eje intestino-piel.
- Biotina en dosis altas (empeora el acné en algunos usuarios)
- Vitamina A en megadosis sin supervisión médica
- "Limpiezas de desintoxicación" de la piel
- "Complejos para el acné" patentados con dosis ocultas
- Colágeno oral comercializado para el acné (evidencia insuficiente)
Jerarquía de evidencia de ingredientes, adecuación de dosis, perfil de seguridad (especialmente vitamina A y biotina), pruebas de terceros, y etiquetado claro que indique que el acné grave requiere atención dermatológica (retinoides tópicos, antibióticos o isotretinoína).